…tengo un mundo de palabras atoradas en el pecho…

El cuarto piso

Finalmente llegó el día. Ese al que no sé a ciencia cierta si temí o esperé con ansia ridícula porque, si bien jamás he mentido sobre mi edad, decir “cuarenta” suena a viejo, o al menos eso recuerdo de aquella época universitaria en la que los cuarentones iban a los cafés y no a los bares, y preferían no desvelarse entre semana.

Los festejos comenzaron anoche con los del trabajo, a los que les llevo una década y son embargo me han aceptado y se que me quieren y son correspondidos, aunque a las 9:30 pm la decisión fue pedir la cuenta para ir a terminar pendientes de la oficina y no desvelarnos mucho.

¿Notan la ironía?

Hoy todo fue distinto. Muchos regalos, muchos abrazos, pasteles, más regalos, un curso y convivencia con desconocidos y la cereza del pastel : cena con mi motor… Esos dos humanitos que mueven mi vida.

Gracias infinitas por estas 40 vueltas al sol, por mis amigos que ya no son pocos, por las felicitaciones que recibí desde 4 continentes, por mi trabajo que además considero la extensión de mi familia, por los proyectos que nunca faltan, por las ideas locas que se vuelven planes, por los sueños que se vuelven fotos, por las risas acumuladas, por las lágrimas recicladas, por las palabras, los besos, los amaneceres en este paraíso, la familia y sus chistes, por los que se fueron e hicieron espacio para los que están, por la salud que tenemos y la que nos falta porque también nos enseña sobre lo vulnerable y lo infinitamente breve y frágil que somos, por el amor que me rodea, por el amor que correspondo y la oportunidad de equivocarme y de caerme y volverlo a intentar, por el miedo que es un instinto de supervivencia, por el miedo que es motor, por las noches en vela que han válido la pena, por los libros y las letras que me han enriquecido, por Silvio y Sabina como autores e influencia, por una infancia de la cual me considero privilegiada, por una adolescencia que me dio de topes, por los viajes, porque he podido pisar 15 naciones, porque tengo más risas que tristezas y más amor que tedio.

40 razones para agradecer.

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No se olvida…

Mi mamá cumplió 72 años en febrero, y aunque no suele compartir muchas vivencias de su juventud, quizá por temor a ser juzgada o a que sus recuerdos no coincidan con los del resto de la familia, hace poco contaba:

1968 fue un año en que la violencia, la intolerancia y muchos otros demonios tuvieron rienda suelta y es bien sabido para los revolucionarios (de esta o aquella época) que el 2 de Octubre hubo una masacre de la que mucho se habló y se hizo, aunque las versiones de la prensa de la época concordó con la “oficial”, pero jamás con la de los sobrevivientes (pocos) y testigos (muchos), algunos de los cuales decidieron callar para subsistir.

Mi madre era estudiante universitaria de Contaduría en Ciudad Universitaria en aquella época, en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México, para ajenos al argot), y hace un par de días nos contaba:

Siempre íbamos en auto, pero ese día -no recuerdo porqué-, no lo llevé. No solía salir por la parte de atrás de CU, sino por la principal, pero ese día (supongo que por no llevar auto), salimos por el acceso posterior. Yo trabajaba en el banco por las tardes y vivía con unas monjas cerca de la escuela y se hablaba de la marcha a todas horas y aunque no compartía todas las demandas del comité, ni fui activista de la causa, el movimiento era fuerte.

Yo pensaba ir, pero no me dieron permiso de faltar al trabajo. Tampoco a Nacho, mi amigo con quien también trabajaba, así es que salimos de la escuela, fuimos a trabajar y al día siguiente llegamos a la Universidad completamente ajenos a lo que había pasado (Recuerden que eran los 60’s… No había internet ni noticieros al minuto, ni mucho menos redes sociales).

Recuerdo que estaba vacío, acordonado, no hubo clases y había gente llorando por los pasillos…

No volvimos a ver a muchos compañeros, y también hubo maestros que ya no volvieron.

Ese día yo también llegué llorando y no pude explicarle a mis sobrinos el motivo de mis lágrimas.

Lloré por mis amigos, lloré porque nos callaron. A ellos, los que no volvieron, y también a nosotros, los “ajenos”.

Lloré porque en ese momento comprendí mi suerte (o quizá el entendimiento me abordó después).

La vida universitaria volvió a la “normalidad” un poco forzada y nos recibimos un par de años más tarde. Creo que todos quisimos olvidar a los ausentes y eventualmente sus nombres de han borrado de algunas memorias por cosas de la edad y sin embargo al paso de medio siglo me pregunto si este lugar es diferente…

Y así, con una mirada melancólica agradezco a la “suerte” por haber dado una oportunidad a esa mujer que una década después me dio la vida.

2 de octubre no se olvida.

https://www.launion.com.mx/morelos/nacional/noticias/114073-que-paso-el-02-de-octubre-de-1968.html

Diferencias

En realidad eres igual a todos, con los mismos demonios e idénticos temores, las mismas ganas locas de ser dueño exclusivo de mis horas e historias.

Pero el error no es tuyo. Ha sido sólo mío por creer que eras otro, por pensar que yo misma era alguien diferente. Por desear un momento que la historia imposible fuese más que utopía.

Reclamos

Me has pedido a veces incluirte en letras, dedicarte prosas, hablar de esta historia de la que soy parte…

No logro explicarte sin que suene insulso que escribir de ti es relegarte al tedio.

Normalidad

Que no es normal, que ya estás grande para hacer estas cosas, que el amor no es así, que no es suficiente con querer a alguien, que debe haber planes y proyectos hacia el mismo sitio, que no deberías estar con el que no te aporta más de lo que te pide, que no debes quedarte, que los besos no bastan, que eso que sientes hoy, morirá con el tiempo y la rutina, que no te precipites y pienses con la mente en orden y la cama fría, que esperes a que pase y muestre sus intenciones…

¡¿Que no entienden aquellos que siempre andan seguros con los pies en la tierra las andanzas de aquellos con el alma en las nubes?! Que no importa caerse, ni romperse en pedazos, ni amanecer en ruinas, que vale todo el riesgo la locura de un beso?!

Que no hay nada más bello que el amor sin cadenas, imperfecto, voluble, perecedero y loco.
No comprenden que no pienso cambiar, ni acabarme, ni irme, pero al final es mejor la agonía del amor imperfecto, que esta eterna espera a la que me había condenado…

Routines 

This is my life now, full of routines and cycles, with unbearable mornings that need some strong coffees, with numbers and reports, with just few people trying to have a place in the wheel of fortune that my life has become.

With evenings at the movies and Sundays full of blues, nothing strong enough to settle down. Playing some roles that fit me and fix my troubles, like being a warrior Mother and Manager on duty, incondicional friend and unrivalled lover.

Most of the things lack halves like bed and thoughts, pretending to believe the image of the diva that some people created, lacking of words and caress, even missing the insomnia I used to hate, without wine or tobacco, trying to find myself beyond the mirror, cheating it just to trust that it is real.

And suddenly you come holding my hand, making myself break out and becoming gunpowder awaiting your sparkle. Ignoring if you’ll stay or will suddenly leave whitout a note. Just living hand to mount in every meaning.

The truth is that sometimes I miss myself before you, I miss my conversations with friends across the sea, my weekends full of books, my chosen loneliness…

En noches como esta, en que te tengo al lado conteniendo mis miedos, luchando entre mis ganas de volar para huir y mi deseo aberrante de no solar tu mano; en los que pides colocar mi cabeza en tu pecho y acariciar mi espalda, en aquella ocasión en que te hice testigo de mi temor más grande.

Justo en esos momentos la eternidad se acorta y expande mis anhelos. Me cuesta imaginarte en otras dimensiones lejos de mis presentes.

Dices que lo peor sería que al cabo de un periodo ya no nos entendamos…

Yo creo que en todo caso eso no sería malo, que peor sería aburrirse, sucumbir a los miedos, no decir las verdades a la cara,  no tolerar errores, dejar que los demonios nos lleven de la mano al inframundo hostil de los reproches, peor sería convencernos de que estamos ya viejos para invertir el tiempo en aventuras.

Peor sería que a la vuelta del tiempo descubriéramos que era mejor quedarse cada cual en su casa, peor sería escuchar lo que las voces dicen y cansarme de ser la que te ha idealizado, peor sería anhelar lo que era antes de ti, antes de estar pendiente de tus sueños, cuando ansiaba encontrarte y te soñaba.

Peor sería que una noche, estando tú a mi lado, extrañara tu ausencia en esta cama…

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