…tengo un mundo de palabras atoradas en el pecho…

Definiciones

En realidad amar no es otra cosa que querer prolongar la intimidad de un beso, reconocerte en otro, volverte vulnerable al escrutinio, sorprenderte por cosas tan pequeñas, como que reconozca tus rarezas y conozca los libros de tu infancia. Que puedas escuchar sobre su entorno sin que alguna pantalla los distraiga. Tener franco interés en sus palabras y defender sin miedo las ideas, sin ser condescendiente ni arrogante.

Ser capaz de mostrarse sin caretas, dejando los temores y los egos, generando un espacio de confianza en el que las palabras y las letras conviven con gemidos y caricias.

Si ya has estado ahí, sabrás que lo que tienes, no es más que las migajas de la magia…

Coincidencias

Me gusta cuando hablas, cuando escuchas, cuando me identifico con tu andar cotidiano, cuando llevas tu prisa hasta mi calma y logras abstraerte.

Me gusta conversar de tu infancia y la mía, que ocurrieron en sitios tan distantes en modo y tan cercanos, que coincidir habría sido imposible.

Me gusta cuando en noches de insomnio como esta, anhelo tu presencia, tu andar acelerado, el breve coincidir de nuestros tiempos, tu mano en mi cabello, mi cuerpo respondiendo a tu contacto. No quiero más de lo que ya tenemos, te quiero a ti sin títulos ni claves, con un futuro incierto permanente.

Sentencia

Uno no siempre vuelve a donde fue feliz.

Uno regresa a donde fue escuchado, donde pudo ser libre, donde el sexo empezó desde la charla, mucho antes de los besos.

Uno vuelve cuando la plática presente fue lo más importante en la velada, cuando hubo risa y magia y vino en una copa que se volvió pretexto y consecuencia.

Yo no he vuelto por una dicha vaga y pasajera. Vuelvo porque es aquí, frente a tu casa donde fui vulnerable y protegida, porque puedo olvidarme de los tiempos, del tedio ocasional que me atormenta, porque quiero brindarte mis silencios, mis frases incompletas, mi caos y mis sentencias.

Aquí solo soy yo, sin máscaras ni arreglos. Desnuda de los pies a las ideas.

Intensidad

Intensidad es escuchar mensajes cargados de deseo después de media noche, es tener una lista de ingredientes que inicia con un poco de vino y plática mundana, leyendo frente al mar algunos textos, sintiendo la tensión que antecede a los besos y caricias y continúa contando las pecas de mi espalda, retándote a seguir sin distraerte, buscando un buen pretexto para desinhibirme, procurando prudencia y fracasando, con la sensualidad llegando al tope.

Intensidad es anhelar tus manos en mi espalda, bajando lentamente hasta mis muslos, mientras besas mi cuello. Comenzar a sentir que la humedad inunda mi entrepierna, desear que sea tu lengua lo que cambie el matiz del erotismo.

Y tú, a más de mil kilómetros de esta cama vacía, provocando una lluvia de pasiones que buscarán salir como huracán de voces y palabras, mientras mis dedos torpes intentan compensar tu cuerpo ausente…

Los adioses

Te fuiste así, sin más, sin despedirte y no se si eres consciente del desmadre que dejas…

Dejas un sinfín de corazones rotos, esperando un video más de la bocona, una roomie que está cansada de las despedidas, una amiga con una coraza ficticia que se rompe al recordarte, un amigo viajero que es como tu espejo en diamantina, un niño que ha sufrido una pérdida tras otra, una tía que intentará juntar las piezas de tu vida, una hermana, un mago que ha quedado roto sin su amiga, me dejas a mi con un sinfín de planes y proyectos y sobre todo a un hombre con medio corazón y media vida.

Dejas más cosas que no puedo nombrar por no abrumarte y porque las lágrimas inundan mis ideas.

Me quedo con el recuerdo de las batallas ganadas por mantener cerrada una ventana, con las carnes asadas, con tu manera diplomática de hacerme ver las cosas, con mi acoso laboral haciendo lo imposible por que entraras a trabajar conmigo, con tu bocona, con las tarjetas que hiciste en mi cumpleaños, con tu vibra infinitamente relajada, con tu amistad que siempre fue sincera y transparente y de la cual me siento infinitamente afortunada.

De aquí hasta donde estés te mando un beso. Saludos a la abuela y tus papás. Si ves al mio, por favor me lo cuidas.

Te deseo buen viaje amiga. Hasta siempre.

Un par de alas

Ahí estaba ella. Con 23 años y el corazón coraza, fingiendo fortaleza y entendiendo por primera vez que el amor no es suficiente algunas veces, porque seguir a alguien no era parte de sus planes, porque no estaba segura de querer ser satélite y no astro, pero sabía que ninguno de los dos sería feliz con lastres o sin alas.

Así que lo soltó y creyendo que llorar a los fantasmas es para perdedores, deambuló por la ciudad y una voz interior la invitó a entrar en aquel bar. Su nombre -Libertad (8)- le causó una punzada en las entrañas, pero entró.

Música, poesía, vino y cerveza… Y de repente se sintió el silencio, como si el universo comploteara para dar un mensaje en una canción…

Y así fue entendió que las alas en realidad eran de ella.

Recuento 2020

Este año ha sido particularmente difícil para todos. No conozco una sola persona que crea lo contrario.

Sin embargo, en mi caso creo que tengo más cosas que agradecer, que lamentar.

Tuve pérdidas importantes, como mi abuelo hace un par de días, el arte tuvo pérdidas como Aute y Manzanero. Hubo desempleo que afectó a muchas personas que tengo cerca, hubo carencias que padecimos todos en mayor o menor medida, hubo cambios de planes. Es más, el simple hecho de planear, parecía un desafío al destino. También hubo presión, guerras, hambre. Caray, ¡hubo una pandemia como sólo la habíamos visto en la pantalla!

Si… Hubo muchos “menos”, pero también hubo cosas hermosas. Por primera vez en mucho tiempo, la vida nos obligó a calmarnos, a ser conscientes del tiempo, a decidir realmente qué hacer con él, nos obligó a superarnos, a desaprender y aprender de nuevo, a salirnos de la caja, a trabajar en lo que no creímos hacerlo, a pasar 24/7 con los nuestros, o con nosotros mismos, a no ir al cine, a cambiar nuestra rutina, a preparar la comida en casa, a valorar lo que dábamos por sentado, a disfrutar las series, los libros, las llamadas, los escasos abrazos.

Agradezcamos eso, la conciencia de lo escaso, lo efímero, lo finito y celebremos.

¡Feliz 2021!

Lista de presentes

Estuviste siempre, desde que tengo memoria. Recuerdo la primera vez que me llevaste a la montaña, con la intención de que me olvidara de hacerlo de nuevo. Caminabas de prisa y me costaba trabajo alcanzarte y cuando por fin lo hacía, avanzabas de nuevo.

Decías que la montaña no era para todos y que si me cansaba tanto, ¿por qué volvía? Y nunca tuve respuesta.

Te recuerdo viejo desde entonces. Sin embargo, admiraba el amor que le tenías al bosque, a las montañas, admiraba tu infinita capacidad de continuar.

El día que mi papá falleció preguntaste qué había pasado si era tan joven, ¡porque obviamente un hombre de 73 años es joven!

Tengo recuerdos de excursiones a ríos subterráneos, a islas, a bosques, a playas, recuerdos de sábados en tu casa, de Navidades y años nuevos, de cumpleaños, aniversarios, de sentirme en casa, de llamarte jefe y no Rafael y de no atreverme a llamarte abuelo, aunque lo fuiste siempre.

Solo los justos pueden vivir 96 años con la cabeza y el cuerpo entero. Muchas gracias por tantos recuerdos, por mi infancia, mi adolescencia, por darme una familia extendida, por querernos y abrir siempre la puerta. Te fuiste en paz, en casa, con los tuyos, cuando tu corazón dijo “ya basta”.

Como es costumbre entre los patrulleros, pasar la lista es lo que más nos duele.

Rafael Osornio – Presente, presente, presente.

Descansa en paz.

Distancia

Hay algunas distancias que están hechas de sueños, algunas, de deseos. Las simples están hechas de kilómetros.

La nuestra, sin embargo tiene anhelos de mar y de desierto, de noches de mezcal, mañanas de café y tardes de lluvia. Nuestra distancia está hecha de palabras, de cuerdas y de voces, de mariposas de papel que vuelan, de mensajes ocultos en mis textos que hablan de ti sin mencionar tu nombre, y quizá a veces dudas si son tuyos,

No todas las distancias tienen nombre, la muestra sin embargo tiene brazos.

Hermandad

No he podido escribir algo de ti, que me libre del recuerdo fugaz de nuestra infancia juntos, de los domingos de pesca y caballos, de mi idolatría por ti y tu rebeldía que al paso de los años hice mi bandera.

Nunca he podido dirigirme a ti sin cuestionar qué tanto me he inventado, y cuantos atributos adornan mis recuerdos. Tengo algunas certezas, como ese amor que siempre nos tuvimos, como lo que lloré cuando te fuiste, como el miedo en la cara de mi madre cuando dejé de hablar porque no estabas, como el exilio al que me condenaron si no te superaba.

A ti te mataron hace casi 30 años. Te borraron del mapa, me dijeron que nunca volverías.

Y yo les creí, lloré y te guardé duelo, te idealicé y te adorné la imagen. Convertí al drogadicto en caballero, y al ladrón en mesías.

Después de un tiempo me convencí a mi misma de que serías mi guarda, mi norte y te nombre en las noches , y alimenté recuerdos que mutaron en cuentos del hermano mayor que siempre quise, te subí al pedestal de la incoherencia y me construí un pasado de tu mano.

Pasaron muchos años, décadas de recuerdos ahumados de nostalgias y un día hablamos de ti, con aquellos que en mi verdad maltrecha, serían los responsables de tu ausencia. Me dijeron que andabas deambulando por la calle cual nómada indigente, sin nombre y sin familia. Que te habían olvidado tras buscarte unas noches por los barrios.

Y yo te recordé, te llamé en mi silencio, te pedí que me hablaras en mis sueños, pero ya no viniste. Recordé los caballos y la pesca, nuestra infancia feliz, las cicatrices que en su tiempo ardieran. Y sin embargo no pude ver tu rostro, ni escuchar tus palabras claramente.

Hace unos días saliste en un mensaje. Un mensaje banal y sin sentido anunciando tu muerte y yo no pude ya llorar tu ausencia.

A ti te mataron hace casi 30 años, te borraron del mapa y yo quedé esperando a que volvieras, a que me llevaras a donde sea que fueras. Y por eso creí que estabas muerto. Porque no cupo en mi cabeza que me hubieras dejado y olvidado.

Hoy sé que hay prisiones peores que las barras, que las drogas destruyen, que abandonan, que te hacen olvidarte de los tuyos, de la infancia feliz con tus hermanos, de los caballos y la pesca un domingo cualquiera.

Ahora lo se, y sin embargo cuando cierro los ojos, me doy cuenta que dejé de esperarte y de haberte seguido, me hubieras condenado a tu destino.

Descansa en paz hermano. Hasta siempre.

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