…tengo un mundo de palabras atoradas en el pecho…

70

10865922_10153148952007577_7600348472265404308_o

No, yo no tuve una madre de esas que preparan hot cakes de corazón los domingos por la mañana.

Yo tuve un gendarme cuando niña, de esos que con la sola mirada te hacían guardar silencio y con un tino que habría podido instituir el “lanzamiento de chancla” como deporte olímpico.

Tuve también un juez antagonista de la excusa, un verdugo que un tiempo no puso en la balanza los conceptos de amor y libertad que a mi me sacudían.

Han pasado los años, ahora me doy cuenta de que los corazones tampoco son mi fuerte, que mi mirada se ha vuelto un tanto dura y que aunque los golpes quizá dejaron marca, he superado ya aquellas reprimendas.

Creo que lo más valioso que he podido aprender es que no importa la estirpe en la que naces, ni el lugar donde creces; tampoco importa cuan duro te golpeen en este viaje, ni cuantos años remes en contra de la gente, ni que te quedes sola, ni que tus sueños cambien, o tus amigos vuelen, e incluso si los tuyos se vuelcan en tu contra…

Nada de eso importa si sabes lo que quieres, si sabes a quién quieres y entiendes que el amor no es sólo una palabra, que no todos lo expresan con caricias, que es infinitamente más grande que un abrazo y que puedes desprenderte de todo y volver a empezar, que puedes caerte muchas veces y quedarse en el piso jamás será una opción.

No… yo no tengo una madre, tengo un gran ejemplo, una mujer que me ha hecho entender que el amor está lleno de miedo, que somos la suma de nuestras historias, que la infancia nos marca, que puedes cambiar, y reblandecerte pero jamás dejar tus ideales.

Gracias por el infinito amor que aunque no dices, sientes, por ser para tus nietas un ejemplo de vida, por regalarnos vida y seguir caminando a nuestro lado siempre sin dejarnos caer.

Felices 70 años Mamá.

Finalmente y después de mucho tiempo, les comparto que estoy en la edición final de un libro en el que he puesto tiempo, neuronas, algunas copas de vino (quizá incluso perdí la cuenta), muchas lecturas, muchas palabras dichas y escritas, uno que otro sueño perverso, amaneceres, veladas, una que otra decepción de las editoriales pero después de algunos días que ser volvieron meses, está concluido.

Nos falta elegir la portada y agradecería infinitamente cualquier opinión y comentario.

Los que han leído algo de lo que escribo tendrán una idea del tema. Los que no pueden leer la contraportada y probar.

Muchas gracias de antemano a todos.

Abrazos desde el mar más bonito del mundo.



Casualidad 

Aún sin creer en la virtualidad, en volverla real, con el escepticismo que este mundo exige, tras el miedo de mostrarnos vulnerables, de sabernos descubiertos, de exponernos a un fracaso, a otra historia condenada a la agonía.

Aún a pesar de los peros y las dudas, de los nuncas y nadies, de los absolutos que se han vuelto piedras, de la distancia y de los compromisos.

Aún a pesar de nada, estamos ahora expandiendo límites, abriendo la mente a nuevos esquemas, rompiendo prejuicios, dándole una tregua a las mariposas, volviéndonos cómplices de las fantasías que se habían quedado en algún tintero, destrozando el siempre y  el mito infortuito de la permanencia, de los adjetivos, aprendiendo a ser menos que fantasmas, volviéndome adicta a tus dedos tibios, esperando el día de volver a vernos, intentando a ratos borrar de mi mente nuestras ocasiones, nuestras pocas horas, con la razón rota moderando a medias a mis emociones, sintiendo a momentos que estuviste siempre entre mis insomnios y mis reflexiones, tratando de hallarme entre tus historias, en tu corto plazo, en medio del ruido y la realidad.

Fuego

Quizá hacía algún tiempo que no me levantaba lo suficientemente temprano para una foto cómo está, o quizá el cielo no había sido tan caprichoso como para capturarlo…

Como sea, ha valido la pena.

Volver 

Esta es mi vida, con la rutina que se ha vuelto imparable, con las mañanas de café y reportes, con personas que se han hecho un lugar que nunca es cierto, con las tardes de cine y los domingos vagos, la indiferencia pisando los talones, con el papel de madre, de guerrera, de jefa de oficina, de amiga que no falla, con la cama vacía y la imagen de diva que comienzo a creerme, sin cartas y sin textos, sin desvelos de letras y de rones, sin porro ni tabaco, tratando de encontrarme más allá de la imagen del espejo, engañándome a ratos… 

Y de repente llegan estas noches bohemias en las que aún no sé si soy espectador o es la vida que aguarda a que  vuelva a romperme para ser más que plazos, que pólvora mojada esperando la chispa que ocasione el derrumbe,  una tormenta en un desierto inerte que alguna vez fue mar y luego selva. 

Un cúmulo de ayeres me implosiona en el pecho esta noche de lluvia con olores a hierba y luz de vela, cuando las cuerdas vibran al compás de tu canto, provocando que al fin mis ideas tengan orden  y vuelva a ser la luna quien dicte mis palabras para decirle al mundo que al fin estoy de vuelta. 

Treinta y ocho

Yo tenía 20 y ella 38, yo estaba enamorada de un tipo 5 años mayor, y ella quizá también, aunque jamás lo sabré con certeza.

La realidad es que cuando supe de ella, un ego herido se convirtió en rabia, que mutó en tristeza y en muchas otras cosas que ya no sé si fueron reales, o es el tiempo el que ha aderezado la novela.
Lo cierto es que recuerdo haber pensado “¿Qué le ve a esa ruca?, Seguramente tiene las tetas hasta las rodillas y es tan aburrida que ni su hijo quiere pasar tiempo con ella, y por eso busca la compañía de un tipo 13 años menor”…

El chiste se cuenta solo…

A 18 años de aquella historia, puedo decir que la gravedad ha hecho su tarea, pero me ha tratado bien; que jamás entenderé la razón de la mentira, pero la compañía distaba mucho de ser sosa o aburrida y que seguramente se sabía uno que otro truco que a los 20 (a MIS 20 por lo menos), jamás imaginé posibles.

Ahora creo que finalmente es momento de reconciliarme con esa edad que me causó escozor por tantos años. Tengo más cosas que agradecerle en estas 38 vueltas al sol de lo que puedo enlistar y finalmente debo reconocer “ella” fue un parteaguas en mi vida, pero contribuyó a lo que soy ahora.

Muchas gracias a todos los que se tomaron un momento para llamar o escribir. Me siento muy afortunada porque recibí llamadas y mensajes de 4 continentes, regalitos y una tarjeta que en verdad me conmovió.

Gracias infinitas a todos los que son parte de mi vida ahora, y también gracias a los que se fueron para dejar espacio a tanto cariño.

Vamos en la recta final para llegar al cuarto piso. ¡A darle!

img_20161104_081244_052

Tregua 

En realidad nunca te has ido, sigues entre mis letras, enmarañado en mis ideas, en las imágenes que aún no borro, en medio de la cama y mis sueños que ya no sé si creo. En el libro que no logro acabar, en mis planes de viaje, en la rutina diaria y en el caos. 

Logro desconectarte por un tiempo, desconectarme de ti y de tu recuerdo, hasta olvidarte a ratos y vivir una que otra historia transitoria… 

Más de repente vuelves y apareces en versos, en notas de guitarra, en llantos de cachorro, en la amalgama de mi corto plazo y mis proyectos vanos, en la conversación sobre amores lejanos que por más que lo intentan, nunca mueren.

A %d blogueros les gusta esto: