…tengo un mundo de palabras atoradas en el pecho…

Reclamos

Me has pedido a veces incluirte en letras, dedicarte prosas, hablar de esta historia de la que soy parte…

No logro explicarte sin que suene insulso que escribir de ti es relegarte al tedio.

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Normalidad

Que no es normal, que ya estás grande para hacer estas cosas, que el amor no es así, que no es suficiente con querer a alguien, que debe haber planes y proyectos hacia el mismo sitio, que no deberías estar con el que no te aporta más de lo que te pide, que no debes quedarte, que los besos no bastan, que eso que sientes hoy, morirá con el tiempo y la rutina, que no te precipites y pienses con la mente en orden y la cama fría, que esperes a que pase y muestre sus intenciones…

¡¿Que no entienden aquellos que siempre andan seguros con los pies en la tierra las andanzas de aquellos con el alma en las nubes?! Que no importa caerse, ni romperse en pedazos, ni amanecer en ruinas, que vale todo el riesgo la locura de un beso?!

Que no hay nada más bello que el amor sin cadenas, imperfecto, voluble, perecedero y loco.
No comprenden que no pienso cambiar, ni acabarme, ni irme, pero al final es mejor la agonía del amor imperfecto, que esta eterna espera a la que me había condenado…

Routines 

This is my life now, full of routines and cycles, with unbearable mornings that need some strong coffees, with numbers and reports, with just few people trying to have a place in the wheel of fortune that my life has become.

With evenings at the movies and Sundays full of blues, nothing strong enough to settle down. Playing some roles that fit me and fix my troubles, like being a warrior Mother and Manager on duty, incondicional friend and unrivalled lover.

Most of the things lack halves like bed and thoughts, pretending to believe the image of the diva that some people created, lacking of words and caress, even missing the insomnia I used to hate, without wine or tobacco, trying to find myself beyond the mirror, cheating it just to trust that it is real.

And suddenly you come holding my hand, making myself break out and becoming gunpowder awaiting your sparkle. Ignoring if you’ll stay or will suddenly leave whitout a note. Just living hand to mount in every meaning.

The truth is that sometimes I miss myself before you, I miss my conversations with friends across the sea, my weekends full of books, my chosen loneliness…

En noches como esta, en que te tengo al lado conteniendo mis miedos, luchando entre mis ganas de volar para huir y mi deseo aberrante de no solar tu mano; en los que pides colocar mi cabeza en tu pecho y acariciar mi espalda, en aquella ocasión en que te hice testigo de mi temor más grande.

Justo en esos momentos la eternidad se acorta y expande mis anhelos. Me cuesta imaginarte en otras dimensiones lejos de mis presentes.

Dices que lo peor sería que al cabo de un periodo ya no nos entendamos…

Yo creo que en todo caso eso no sería malo, que peor sería aburrirse, sucumbir a los miedos, no decir las verdades a la cara,  no tolerar errores, dejar que los demonios nos lleven de la mano al inframundo hostil de los reproches, peor sería convencernos de que estamos ya viejos para invertir el tiempo en aventuras.

Peor sería que a la vuelta del tiempo descubriéramos que era mejor quedarse cada cual en su casa, peor sería escuchar lo que las voces dicen y cansarme de ser la que te ha idealizado, peor sería anhelar lo que era antes de ti, antes de estar pendiente de tus sueños, cuando ansiaba encontrarte y te soñaba.

Peor sería que una noche, estando tú a mi lado, extrañara tu ausencia en esta cama…

¿Por qué escribir?

– ¿Cómo es que comenzaste a escribir?

– No lo recuerdo

Y de repente la memoria me traiciona: una casa muy vieja en la ciudad desde donde la vista era envidiable, una noche estrellada y solitaria, muchas lágrimas que quedaban atrapadas por mi orgullo y una mochila donde encontré un bolígrafo y una libreta vieja. No puedo recordar más que las letras saliendo a tropezones de mis dedos, gritando mis reproches a aquel que yo creía causante de mis males, con un urgente anhelo de firmar una tregua con mis miedos. Con mis demonios iracundos y con frecuencia idiotas flirteando con la muerte y el Tequila, a menudo borrachos y a ratos sometidos con caricias fingidas.

Así empezó mi idilio con las letras: Jamás fueron de nadie sino mías, para hacerles creer a mis temores que los ponía en altares y así poder mirarlos desde lejos, inmune a sus ataques. Para ordenar mi caos de demandas insanas que me invadían mis mañanas y mis sueños.

Me han salvado de andar por el camino fácil de vicios pasajeros y en noches como aquellas, de deambular contándole a la nada mis pecados.

When you’re gone

Era 1994, un año difícil para mi familia, que anticipaba la separación de mis padres, después de un matrimonio de casi 20 años y un noviazgo de 10.
Yo estudiaba en un colegio de niñas en el que nunca encajé, excepto justo ese año escolar, que puedo considerar el mejor de mi adolescencia y en el que conocí (o por lo menos conviví) con algunas de las mejores personas con que me he cruzado, muchas de las cuales aún conservo, y eso es mucho decir después de 24 años.

Recuerdo que había un maestro al que apodábamos Freddy Krueger (y abusando de la libertad que me dan las redes, honestamente sí se le parecía), pero recuerdo que en su afán de explicarnos el Ciclo de Krebs, solía ser el primero en el rank de alumnas reprobadas.

En fin, para no perder el hilo de la historia, ni divagar en exceso, me viene un recuerdo claro a la cabeza con él en la puerta del laboratorio deteniéndome al entrar para decir “Villanueva, escuché que tenías boletos para ver a Cranberries”, a lo que inmediatamente respondí que no, porque en realidad yo ni siquiera tenía edad suficiente para ir a un concierto de rock y estando en una escuela católica de monjas, con una familia un tanto conservadora, no había posibilidad de que alguien se enterara y este hombre estaba a punto de descubrirme… y las mentiras jamás han sido mi fuerte.

Un par de días después me lo topé en el patio y me dijo en tono un tanto descarado: “No quiero que me los regales, véndeme tus boletos” , a lo que yo, con un tono un tanto ingenuo le dije “No puedo”… Y él, cuidando sus palabras respondió “Te hace falta un punto”… Kaput.

Sobra decir que me perdí el concierto porque a los 16, en mi situación, reprobar biología significaba arraigo domiciliario durante un mes, sin posibilidad de ir al concierto de cualquier forma (o por lo menos esa fue la historia que decidí creerme).

Los años han pasado y el año pasado una vez más me perdí a los Cranberries en la ciudad donde vivo, por razones un poco menos sosas y juré que la próxima sería imposible faltar…

Vaya ironía…

Hoy es noche nostálgica y como no tardan en brotar fans villamelones, me dormiré con esta canción, que me trajo la historia de una adolescente con un Walkman rojo acostada en la cama con unos audífonos medio rotos intentando llegar a las notas más altas y transcribiendo la letra en un cuaderno a rayas para poder memorizarla.

En fin, gracias por los recuerdos. Descanse en paz Dolores O’Riordan.

Imágenes

En este lado del mundo los atardeceres son un privilegio. Por eso es que cada vez que nosotros, los inquilinos de este paraíso, nos topamos con violetas y magentas, no podemos evitar la tentación de eternizarlos.

 

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