…tengo un mundo de palabras atoradas en el pecho…

Quizá solo es el viento y la tormenta lo que ocupa mi mente en esta noche. Quizá solo es el ruido o la ausencia de sueño.

O quizá es el anhelo de un futuro posible, quizá sea que te extraño en esta noche y que el recuerdo no siempre entiende el tiempo.

Quizá sea que confundo pasado con futuro porque por más que busco en mis memorias, no logro cocebir mis futuros sin ti, sin tus manos tocándome en las noches , y tu abrazo en las noches mientras duermes.

Ahora incluso he olvidado que somos como pólvora y cerilla y no puedo evitar preguntarme a mi misma si seríamos posibles nuevamente a pesar de los años y las millas, y los que ahora sanan las heridas e intentan llenar ese espacio infinito que dejamos.

Quizá sólo te extraño y no me atrevo a correr para encontrarte o quizá soy suicida y deseo que me pidas que me pierda una vez más contigo en un abrazo.

Virtualidad

Hay personas que a pesar de los años y la vida, son cicatrices vivas.

Han dejado palabras que nunca se extinguieron y su recuerdo es dicha y odio desdibujado tras noches de invocar al demonio mortal del desamor con ritos lacrimosos y batallas campales con íncubos que marchan al despuntar el alba.

En días como estos en los que la distancia virtual es relativa y es posible acercarse a hablar con los fantasmas, es que tengo ocasión de pensarme en presente progresivo, de mirar el pasado con una reverencia y agradecer las noches estrelladas en aquella azotea que ya no se si exista. Es incluso posible poner rostro a un recuerdo que se ha desdibujado al paso de los años. Con el simple desliz de una pantalla ahora es posible hablar con los fantasmas

Razones

Nunca he sabido ser la que se queda, quien se acostumbra al tiempo y la rutina, a la charla sin chiste sobre el clima y los lunes insípidos sin prosa y sin bohemia.

No he podido ser yo quien que espera en la banca a que regrese algún desconocido que en algún tiempo fuera mi cómplice proscrito.

Por eso es que me voy, porque prefiero la emoción de lo incierto, porque prefiero el anhelo a la nostalgia, porque prefiero hablar de un pasado borroso y sugestivo que olvidar las palabras que se me acumulaban pues se niegan a ser las adecuadas.

Perdóname si crees que te abandono, pero prefiero hacerlo, a perderme en la nada del hastío.

Sentimientos en pandemia

Hace un par de días falleció Luis Eduardo Aute y no tuve palabras que describieran la tristeza. Me emborraché a la noche de sus letras, de su poesía no apta para cuerdos o sensibles y le di las gracias por tanto.

El sentimiento que me invade hoy es distinto… Es una nostalgia casi taciturna.

Tengo recuerdos vagos de una mujer al volante con dos niñas en el auto. El recuerdo se aclara un poco y veo a mi mamá una tarde cualquiera camino a algún lado. Quizá a recoger a mi papá del trabajo un viernes por la tarde. Tardes en las que no había “hoy no circula”. El recuerdo se aclara un poco más y nuestros labios se mueven acompasados y reímos, nos enojamos, mi hermana me corrige porque nunca he sido buena con las letras.

El recuerdo se hace nítido… claro, perfecto: Vamos a recoger a mi papá al trabajo. Cosa que no era tan frecuente, llegamos a esperar a mi papá, compramos unas quesadillas en la calle y entramos en el auto. La espera se prolonga y mi mamá comienza a cantar.

Cantábamos cosas extrañas, cantábamos música de estudiantina y cantábamos esta canción, entre muchas de este ícono porque mi mamá lo admiraba y lo escuchaba.

El sentimiento de hoy es de nostalgia, pero no del ícono: Nostalgia de mi infancia, de ese coche que ya entonces era viejo, de esos momentos que eran una burbuja en la vida de una niña en una ciudad caótica.

Gracias por la nostalgia. Descansa en paz, Oscar Chávez.

OSCAR-CHAVEZ-FALLECE-CORONAVIRUS

 

Caminante

Caminar es buscar, es pensar, es ver, es creer que al final encontraremos algo, algo mejor, also distinto. Es dudar, es compartir un pensamiento que un minuto antes te era ajeno, indiferente, loco.

Caminar es mirar, es escuchar, cambiar. Es dudar si lo que era antes era lo que deseabas, es cuestionar si la que espera al final sigue siendo mi espejo, si quiero regresar a lo que tengo, a esa realidad que ahora me es extraña.

Caminar me cambió, me hizo perder el rumbo… O quizá me encontró, me hizo de encontra al hombre que tuve en el espejo durante las mañanas. Ese que cada día me pedía ir a la playa, ese que ansiaba irse, olvidar los caminos, olvidar afeitarse, comenzar a fumar y beber vino tinto.

Caminar me hizo fuerte, me cambió el objetivo, me convirtió en pagano, en paria de mi vida, me hace desear ser libre, ser lo que nunca quise, lo que todos cuestionan.

Y yo pregunto ahora si caminar es el fin o para mi se ha vuelto finalmente mi rumbo…

El cuarto piso

Finalmente llegó el día. Ese al que no sé a ciencia cierta si temí o esperé con ansia ridícula porque, si bien jamás he mentido sobre mi edad, decir “cuarenta” suena a viejo, o al menos eso recuerdo de aquella época universitaria en la que los cuarentones iban a los cafés y no a los bares, y preferían no desvelarse entre semana.

Los festejos comenzaron anoche con los del trabajo, a los que les llevo una década y son embargo me han aceptado y se que me quieren y son correspondidos, aunque a las 9:30 pm la decisión fue pedir la cuenta para ir a terminar pendientes de la oficina y no desvelarnos mucho.

¿Notan la ironía?

Hoy todo fue distinto. Muchos regalos, muchos abrazos, pasteles, más regalos, un curso y convivencia con desconocidos y la cereza del pastel : cena con mi motor… Esos dos humanitos que mueven mi vida.

Gracias infinitas por estas 40 vueltas al sol, por mis amigos que ya no son pocos, por las felicitaciones que recibí desde 4 continentes, por mi trabajo que además considero la extensión de mi familia, por los proyectos que nunca faltan, por las ideas locas que se vuelven planes, por los sueños que se vuelven fotos, por las risas acumuladas, por las lágrimas recicladas, por las palabras, los besos, los amaneceres en este paraíso, la familia y sus chistes, por los que se fueron e hicieron espacio para los que están, por la salud que tenemos y la que nos falta porque también nos enseña sobre lo vulnerable y lo infinitamente breve y frágil que somos, por el amor que me rodea, por el amor que correspondo y la oportunidad de equivocarme y de caerme y volverlo a intentar, por el miedo que es un instinto de supervivencia, por el miedo que es motor, por las noches en vela que han válido la pena, por los libros y las letras que me han enriquecido, por Silvio y Sabina como autores e influencia, por una infancia de la cual me considero privilegiada, por una adolescencia que me dio de topes, por los viajes, porque he podido pisar 15 naciones, porque tengo más risas que tristezas y más amor que tedio.

40 razones para agradecer.

No se olvida…

Mi mamá cumplió 72 años en febrero, y aunque no suele compartir muchas vivencias de su juventud, quizá por temor a ser juzgada o a que sus recuerdos no coincidan con los del resto de la familia, hace poco contaba:

1968 fue un año en que la violencia, la intolerancia y muchos otros demonios tuvieron rienda suelta y es bien sabido para los revolucionarios (de esta o aquella época) que el 2 de Octubre hubo una masacre de la que mucho se habló y se hizo, aunque las versiones de la prensa de la época concordó con la “oficial”, pero jamás con la de los sobrevivientes (pocos) y testigos (muchos), algunos de los cuales decidieron callar para subsistir.

Mi madre era estudiante universitaria de Contaduría en Ciudad Universitaria en aquella época, en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México, para ajenos al argot), y hace un par de días nos contaba:

Siempre íbamos en auto, pero ese día -no recuerdo porqué-, no lo llevé. No solía salir por la parte de atrás de CU, sino por la principal, pero ese día (supongo que por no llevar auto), salimos por el acceso posterior. Yo trabajaba en el banco por las tardes y vivía con unas monjas cerca de la escuela y se hablaba de la marcha a todas horas y aunque no compartía todas las demandas del comité, ni fui activista de la causa, el movimiento era fuerte.

Yo pensaba ir, pero no me dieron permiso de faltar al trabajo. Tampoco a Nacho, mi amigo con quien también trabajaba, así es que salimos de la escuela, fuimos a trabajar y al día siguiente llegamos a la Universidad completamente ajenos a lo que había pasado (Recuerden que eran los 60’s… No había internet ni noticieros al minuto, ni mucho menos redes sociales).

Recuerdo que estaba vacío, acordonado, no hubo clases y había gente llorando por los pasillos…

No volvimos a ver a muchos compañeros, y también hubo maestros que ya no volvieron.

Ese día yo también llegué llorando y no pude explicarle a mis sobrinos el motivo de mis lágrimas.

Lloré por mis amigos, lloré porque nos callaron. A ellos, los que no volvieron, y también a nosotros, los “ajenos”.

Lloré porque en ese momento comprendí mi suerte (o quizá el entendimiento me abordó después).

La vida universitaria volvió a la “normalidad” un poco forzada y nos recibimos un par de años más tarde. Creo que todos quisimos olvidar a los ausentes y eventualmente sus nombres de han borrado de algunas memorias por cosas de la edad y sin embargo al paso de medio siglo me pregunto si este lugar es diferente…

Y así, con una mirada melancólica agradezco a la “suerte” por haber dado una oportunidad a esa mujer que una década después me dio la vida.

2 de octubre no se olvida.

https://www.launion.com.mx/morelos/nacional/noticias/114073-que-paso-el-02-de-octubre-de-1968.html

Diferencias

En realidad eres igual a todos, con los mismos demonios e idénticos temores, las mismas ganas locas de ser dueño exclusivo de mis horas e historias.

Pero el error no es tuyo. Ha sido sólo mío por creer que eras otro, por pensar que yo misma era alguien diferente. Por desear un momento que la historia imposible fuese más que utopía.

Reclamos

Me has pedido a veces incluirte en letras, dedicarte prosas, hablar de esta historia de la que soy parte…

No logro explicarte sin que suene insulso que escribir de ti es relegarte al tedio.

Normalidad

Que no es normal, que ya estás grande para hacer estas cosas, que el amor no es así, que no es suficiente con querer a alguien, que debe haber planes y proyectos hacia el mismo sitio, que no deberías estar con el que no te aporta más de lo que te pide, que no debes quedarte, que los besos no bastan, que eso que sientes hoy, morirá con el tiempo y la rutina, que no te precipites y pienses con la mente en orden y la cama fría, que esperes a que pase y muestre sus intenciones…

¡¿Que no entienden aquellos que siempre andan seguros con los pies en la tierra las andanzas de aquellos con el alma en las nubes?! Que no importa caerse, ni romperse en pedazos, ni amanecer en ruinas, que vale todo el riesgo la locura de un beso?!

Que no hay nada más bello que el amor sin cadenas, imperfecto, voluble, perecedero y loco.
No comprenden que no pienso cambiar, ni acabarme, ni irme, pero al final es mejor la agonía del amor imperfecto, que esta eterna espera a la que me había condenado…

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